Deshumanización sigilosa
No creo en las cosas que pasan de la noche a la mañana. Excepto la vida.
Ya dicen que Roma no se construyó en un día, pero tampoco fue en un día que empezó a derrumbarse.
Con el ser humano ha pasado lo mismo.
No fue de repente.
Fue el sigilo.
El miedo.
La dejadez.
La comodidad.
Un oasis disfrazado de refugio que nos hizo caer en la trampa.
Y caímos.
Caímos en los mensajes de voz que nadie escucha, notificaciones absurdas de aplicaciones que nunca utilizamos y cookies ansiosas por mostrarnos lo que nos gusta. O lo que nos genera curiosidad.
Ahora vemos conciertos desde la pantalla de nuestro móvil, asistimos a clase desde nuestro ordenador y trabajamos desde casa. ¡Cuéntaselo tú a la generación de la posguerra!
Es curioso cuanto menos ir en el metro y no ver una sola cabeza levantada observando lo que pasa alrededor nuestro. Os animo a que lo hagáis un día. Uno solo. Es como salir en las fiestas de un pueblo y no beber una gota de alcohol. Poco a poco te das cuenta que el único sobrio eres tú...
Hablaba con un vecino y amigo de la infancia de esos con los que he compartido hasta la merienda, sobre la alegría de pasar por un parque en la actualidad y ver a niños dando uso de ese espacio tan infravalorado. Nos da alegría. Y escasea.
El parque vacío tiene niños a su alrededor que sólo disfrutan con la dopamina que les ofrece una pantalla. Niños que adquirirán un mayor conocimiento con su edad del que nosotros jamás hubiéramos podido alcanzar pero que, a su vez, serán incapaces de inventar. Si se aburren, lo harán. No harán nada para cambiarlo así como nosotros veíamos donde había una piedra, una canica irregular.
Ahora se liga por las aplicaciones y aunque algunos ya hemos vivido esa transición, nadie esperaba al punto que llegaría todo esto.
Ya no existe esa timidez de proponerle quedar en un parque a la chica que te gusta, porque ya directamente se pasa incluso del amor.
Incluso a veces uno cuando va a un restaurante a comer piensa: "Antes hablábamos".
Hubo un ayer en el que las siglas a.C significaban antes de cristo.
Habría que empezar a saber que hoy por hoy estamos en el año 8 d.T: después de que naciera tiktok. Con el scroll llegó el fin de la imaginación.
Doy gracias a mi padre, que en las cenas amenaza amistosamente con requisar el móvil de quien no se centra en la mesa. Solo así uno recuerda lo divertidos que podemos llegar a ser. Es curioso.
Y mientras nosotros vamos distraídos con el móvil en la mano, los números no mienten: la nomofobia (ese miedo irracional a quedarte sin móvil, batería o cobertura) es una realidad estadística. Múltiples estudios concluyen que alrededor del 20 % de los adultos muestran síntomas leves de nomofobia, el 50 % moderados y el 20 % graves, lo que significa que más de la mitad de los usuarios sienten malestar real cuando no pueden usar su teléfono. Esto genera, como consecuencia, muchos episodios de depresión, ansiedad y alteraciones del sueño.
Respecto a los niños el 41 % de los niños ya tiene móvil a los 10 años, cifra que sube al 76 % a los 12 y al 92 % en la adolescencia. Casi todos usan redes sociales y más del 92 % de los adolescentes participan en al menos una de ellas. Más del 50 % admiten sentirse “adictos” cuando no tienen el móvil a mano, y 68 % de los niños tienen estrés al estar desconectados. Cuando su consumo es compulsivo aumenta el riesgo de ansiedad, insomnio, problemas depresivos y de concentración e incluso de ideación suicida.
Los datos son acojonantes y no precisamente por la positividad de ellos.
A veces me cabrea ver a niños pegados a una pantalla y a padres que les consienten con tal de no escucharlos.
Pero qué se yo... Cuando seas padre, comerás huevos, me dijeron. Y no me gustan. Así que estamos bien jodidos.
Qué sabe nadie dónde nos llevará el futuro, pero ojalá que no nos olvidemos de lo más importante. Vivir.
Porque la vida no se mide en likes.
Ni las desgracias se evaden con un botón de suprimir.
Porque un abrazo no se puede descargar y, si lo pierdes, nunca vuelve.
Ni la infancia se guarda en la nube.
Porque un error no se puede editar.
Ni la imaginación la tenemos en un filtro de Instagram.
"Todo lo que hacemos hoy, definirá quiénes somos mañana. " -S.F

Tristemente cierto.
ResponderEliminarLos niños pierden la capacidad de imaginar mundos mágicos y disfrutar de la libertad al aire libre, esto tiene consecuencias nada buenas.
Relacionarse con las personas, charlas amistosas,fantasear con los amigos y reír que es muy sano.
Da pena ver como cuando hay algún acontecimiento desagradable todo el mundo piensa en grabar, no en ayudar.
Nos estamos desumanizando.
Yo me quedo con las risas, con los abrazos y con una mirada tuerna, cómplice a veces, saber como están los demás solo con un vistazo.
Eso se pierde por estar con la cabeza baja y la nariz pegada al móvil.
Buena reflexión.
👏👏👏👏
Así, es. Creo que la tecnología tiene muchas cosas positivas pero tambien tiene otras, como las que expongo, negativas. Algún día desaparecerá la última generación que inventó cualquier juego absurdo para entretenerse con sus amigos. Ese día, habrá desaparecido una especie en peligro de extinción. De momento, sigamos viviendo. Y ojalá que un poquito mejor en cuánto a ingenio.
EliminarMuchas gracias :) ¡Qué ilusión seguir recibiendo comentarios por aquí en pleno 2026!