La casa de los cencerros 2

 

Estar “como un cencerro” significa andar sin rumbo, haciendo ruido y sin demasiado sentido. Mucho estruendo, poca dirección.

Así es exactamente como definiría lo que ha sido La casa de los gemelos 2.

Un experimento caótico, adictivo y descontrolado que ha puesto a bailar a los medios tradicionales mientras miles de personas mirábamos, entre fascinados y avergonzados, cómo el ruido volvía a ganar al relato.

No todo me gusta. Muchas cosas me repelen. Pero no he podido dejar de mirar. Y ahí empieza el problema.


Todo empezó el 12 de octubre, día de la hispanidad, en Kick y en Youtube. Los hermanos Ramos (Dani y Carlos) se iniciaron a la aventura de hacer un reality sin filtros. Porque no hay nada más español que la sinvergonzonería. Era un reality que tenía galas con expulsiones previstas y un premio final de 50.000 euros. Duró 9 horas. Las peleas recurrentes, el miedo a que se les fuera más de las manos y la imposibilidad de descansar por la noche como alegaron ellos hizo que tuvieran cortar la emisión sin previo aviso. 
Falló la planificación, pero el éxito fue rotundo. Y ahí quedó claro que el desastre no era un error: era el formato. 
En directo llegó a contar con 150.000 espectadores de pico. En diferido, al día siguiente, habían sobrepasado el millón y medio de visitas en menos de 24 horas. X y Tiktok estaban inundadas de polémicos vídeos del formato y ahí fue cuando la existencia de este reality llegó a mis oídos. 
Los gemelos no tardaron en borrar el diferido; No sé si por miedo a posibles represalias legales debido a lo sorprendente de algunas imágenes con contenido explícito y otras fuera de lo moralmente común. 

Para entonces y sin darme cuenta, yo ya estaba enganchado a este reality que definiría como dopamínico.

El éxito era innegable y no tardaron en inventarse una segunda parte. Anunciaron control, seguridad y aprendizaje. No hubo nada de eso. Y no hacía falta: el caos ya era la esencia. Era la guerra. 
Algunos concursantes como El Patica (un conocido tiktoker conocido por hacer vídeos de comida), no sabía donde meterse. Sabía, como muchos, a lo que iba y aún así, les pilló por sorpresa. 

Golpes, objetos volando, colchones quemados “para calentarse”, cárcel de cartón, vómitos, insultos y límites inexistentes. Podría ser un capítulo de La que se avecina, pero ocurrió en directo y sin guión. Un no parar.

El caso de Labrador fue el mejor ejemplo de cómo los gemelos no supieron, o no quisieron, gestionar el conflicto. Tras horas de provocaciones, explotó. Dijo cosas que no comparto y reaccionó mal, pero la respuesta fue inmediata: expulsión, discurso moralista y señalamiento público.
Más preocupados por el qué dirán que por entender el contexto, Dani y sobre todo Carlos, volvieron a patinar.
Hay mucho contexto que se nos escapa por eso quiero que saquéis vuestras propias conclusiones así que os dejo una entrevista donde tenéis el punto de vista del expulsado. Explica algunas cosas que, ciertas o no, me cuadran bastante: https://www.youtube.com/watch?v=U1vhE_nkX50

Mientras tanto, los medios tradicionales llegaron tarde, enfadados y con sed de sangre. Incapaces de competir en audiencia, intentaron competir en superioridad moral.
Superaron en audiencia a televisiones con presupuestos millonarios y acabaron el año dando las campanadas en la Puerta del Sol. El ruido había ganado. Otra vez.
Hasta un día como ese, el concurso siguió su esencia con una pelea entre 'amigas' cinco minutos antes de que empezaran a bajar los carrillones para cinco después, abrazarse de nuevo. 

Una vez acabó todo, equipo de investigación anunció que el 9 de enero, día que estaréis leyendo esta entrada si habéis sido puntuales, sacaría un reportaje sobre los chicos del momento. Los gemelos. Estamos espectantes sobre lo que especularán y quién lo hará sabiendo que han rechazado entrevistarles al no aceptar sus condiciones. Ellos pedían simplemente que les entrevistaran pero les dejaran grabarlo en directo para que no pudiesen manipular con cortes en la edición. Querían transparencia. Y La Sexta no parece querer lo mismo.
Finalmente ellos también harán directo el mismo día, lo que probablemente se resuma en que La Sexta perderá audiencia. Por mucho que les joda.



¿Por qué nos ha enganchado esto? 


Según mi opinión, esto nos ha enganchado porque es todo lo que esta mal de la sociedad siendo caricaturizado por varios personajes que viven por y para el show. Nos chirría, nos incomoda, pero nos divierte.

Este formato nos ha devuelto a la ilusión de aquel primer Gran Hermano en el que, sin acercarse a esto, tenía matices de lo inmoral. Aquel que, bien o mal, se veía mucho más real que todo lo que vemos hoy en la televisión tradicional, que un día fue referente para las generaciones. 
Hoy sólo tenemos gente midiendo las palabras para no perder followers y telediarios llenos de desinformación. 

En todo esto, hay dos tipos de espectadores: los que entienden el show y los que confunden internet con la vida real. Y esa diferencia explica muchas cosas de la polarización que vivimos hoy en día en cualquier ámbito vital.

No todo me gusta de lo que hacen estos chicos, pero tengo que darles las gracias porque han hecho historia y nos han entretenido cómo hacía mucho tiempo que la tele no es capaz. 

Carlos, Dani...

No os vendáis.

No os caguéis.

Y si os equivocáis, pedid perdón.

Porque equivocarse en directo no es el problema. El problema es fingir perfección en diferido.




"Disfrutad, que os vais a morir igual. 
Porque

 eso

es

lo 

que 

os 

vais 

llevar" -S.F













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